La madrugada llegó para la joven madre como llegan las decisiones irreversibles: en silencio.
La casa Jackson dormía bajo una quietud artificial, protegida por cámaras, sensores y hombres armados que confiaban demasiado en la rutina. Everly lo sabía. Había aprendido, a fuerza de observar, que la seguridad más férrea suele relajarse cuando cree tenerlo todo bajo control.
Everly había permanecido despierta toda la noche, armando su plan y la manera en que podría alejarse sin levantar sospechas.
No había empacado maletas. No había cerrado cajones con ruido. Cada movimiento había sido calculado durante días, cuando ella pensaba que Eirikr no querría tener a sus bebés. Sin embargo, no era solo ese temor que tenía, también estaba el hecho de que él en vez de alejarse de la mafia, parecía estar más comprometido con ella.
La joven madre se había prometido alejarse de ello, había vivido en carne propia lo que era la crueldad humana y no quería ni que sus hijos ni ella formaran parte de ello.
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