La madrugada llegó para la joven madre como llegan las decisiones irreversibles: en silencio.
La casa Jackson dormía bajo una quietud artificial, protegida por cámaras, sensores y hombres armados que confiaban demasiado en la rutina. Everly lo sabía. Había aprendido, a fuerza de observar, que la seguridad más férrea suele relajarse cuando cree tenerlo todo bajo control.
Everly había permanecido despierta toda la noche, armando su plan y la manera en que podría alejarse sin levantar sospechas.
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