Neil había sido preciso. Demasiado.
La había contactado dos noches antes, usando un número que no figuraba en ningún registro. Cuando ella escuchó su voz, colgó. A los diez minutos, recibió un mensaje con una foto: ella entrando al médico. Deneb tomada de la mano. Fecha, hora.
El mensaje siguiente fue corto:
No quiero hacerte daño. Quiero ayudarte a salir viva.
Everly lo citó en un café pequeño un día antes a dos calles de su casa, había salido a caminar con el pretexto de estirar las piernas.