La bodega segura de la Corona Negra no aparecía en ningún registro oficial. No tenía una dirección, ni dueño, ni historia registrada en algún lado.
Era un fantasma escondido entre hangares antiguos y fábricas abandonadas en la periferia de Denver, el tipo de lugar donde nadie preguntaba y donde los silencios pesaban más que los pasos de los hombres que ahí se daban.
Dentro, solo se escuchaba el sonido del metal chocando contra metal, eran golpes secos, rítmicos e implacables, solo había una per