Perspectiva: Alexandra
La nieve no era blanca en las montañas de los Cárpatos; en la profundidad de la noche, bajo los pinos milenarios, era un océano de ceniza helada.
Llevábamos caminando lo que parecían días, aunque mi reloj, con el cristal agrietado, indicaba que solo habían pasado seis horas desde que dejamos el cadáver de Vance en el búnker. Cada paso que daba requería hundir la bota hasta la rodilla en la nieve virgen, tirar del peso de mi propio cuerpo y volver a avanzar. Mis pulmones q