Las tres y cuarto de la madrugada.
El mundo exterior estaba sumido en ese silencio espeso y gélido que precede al amanecer, cuando hasta los ruidos del tráfico nocturno parecen haberse congelado. Dentro de la pequeña casa, el único sonido constante era el traqueteo de la nevera vieja y el siseo del viento colándose por los marcos de aluminio de las ventanas.
Alexandra dormía profundamente. El cansancio acumulado de la semana laboral en Mery Soluciones la había derribado apenas su cabeza tocó la