El mes de mayo trajo consigo mañanas luminosas y tardes cálidas que invitaban a permanecer en la calle mucho después de que el sol comenzara a descender por el horizonte. Las aceras del vecindario se llenaban de niños corriendo, del eco de las risas y del sonido característico de las ruedas de goma rodando sobre el pavimento.
Para Alexandra, el quinto mes del año representaba un hito silencioso pero monumental: se cumplía casi un año exacto desde que había cruzado la puerta de esa casa pequeña