El aroma a vainilla, mantequilla derretida y azúcar tostada poseía una cualidad casi mágica; era capaz de alterar la densidad del aire en la pequeña casa, transformando el frío de la mañana de febrero en un abrazo cálido e invisible.
Alexandra estaba de pie frente a la barra de formica de la cocina, con el cabello recogido en un moño desordenado y un delantal de tela barata cubriendo sus pantalones deportivos. Sus manos, que alguna vez estuvieron acostumbradas al tacto de la seda y al peso de l