33. LA INVESTIGACIÓN DE DANTE
La sensación de vacío al desprenderme de mi teléfono era más aguda de lo que esperaba. Era mi último lazo con Celia, y ahora debía dejarlo atrás junto con cualquier otro rastro que pudiera delatarme. "Debí decirle un poco más", me reprochaba internamente mientras sentía el avión elevarse, alejándonos de Roma y de todo lo que me era familiar. Dante, percibiendo mi tormento, posó una mano sobre mi hombro en un gesto de solidaridad.
—Va a estar bien, confía en mí —me aseguró con una convicción q