207. EL RESCATE
Fabrizio se irguió, imponente y terrible en su furia contenida. Su mirada recorrió a los supervivientes, y su voz, cuando habló, fue baja y peligrosa:
—Ustedes dos —dijo, señalando a dos jóvenes que temblaban arrodillados a sus pies—. Lleven un mensaje a quien los envió: ¡los Garibaldi no somos presa de nadie, somos depredadores! Y la próxima vez que los vea, no seré tan misericordioso. —Luego, dirigiéndose a sus hombres, ordenó—: A los demás, llévenlos a la fundición. Díganle a Favio que avi