Mundo ficciónIniciar sesiónSalí en pos de Diletta y Agustino, con el corazón latiendo a un ritmo frenético, temiendo que ella pudiera precipitarse hacia otra de sus insensatas actuaciones. Los tres nos adentramos en el comedor, un espacio amplio y resonante que ya cobijaba a Bethania y Celeste, sumidas en la penumbra matutina. Celeste, con una mirada que destilaba sus celos, observó cómo Diletta se aferraba al brazo de Agustino con familiaridad, para luego dirigir sus ojos hacia m&iac







