Augusto la tomó en brazos como si fuera lo más natural del mundo. Eloise, agotada, dejó caer la cabeza contra su pecho, sintiendo los latidos firmes de su corazón en silencio.
Sin decir una palabra, la llevó hasta el baño. La bañera ya se estaba llenando, y la espuma subía lentamente, iluminada únicamente por las suaves luces del ambiente.
La acomodó dentro del agua tibia, y la temperatura hizo que Eloise soltara un largo suspiro. Augusto entró poco después, manteniéndola cerca de él, rodeándol