El refugio olía a aceite, metal y gasolina, una mezcla que a Ellis le resultaba reconfortante en un sentido extraño. Era un lugar ruidoso, con herramientas apiladas en las esquinas y autos desmantelados en diferentes estados de reparación, pero también tenía una sensación de aislamiento que la hacía sentirse atrapada.
Alessandro la había llevado hasta allí sin hacer preguntas, sin presionarla. Pero Ellis no era estúpida. Sabía que su paciencia no duraría mucho.
Se pasó las manos por la cara, tr