Alessandro sacó su móvil y escribió con manos temblorosas:
“Sé que la tienes. Te ofrezco el trato que tanto quieres: yo por ella.”
El corazón le golpeaba el pecho con furia. Deseó, con toda el alma, que aquello fuera una jodida pesadilla de la que aún pudiera despertar. Pero sabía que no.
No había salida.
Esa noche, uno de los dos debía morir.
Y aunque el destino señalara a su hermano como el que debía caer, la idea le desgarraba por dentro.
Porque si él sobrevivía… tendría que cargar con