Para Alessandro, pedirle algo a Ian Spencer era como arrancarse los dientes con la mano.
Doloroso y Humillante.
Imposible, si no fuera porque se trataba de su hermano.
—Dame la oportunidad de despedirme de mi hermano con vida —dijo con voz ronca.
Lo dijo sin arrogancia, sin el sarcasmo habitual. Solo una súplica limpia, sin pretensiones
Y eso, viniendo de él, ya era milagroso.
Micah podía jugar al villano, pero no era tan despiadado como a veces fingía.
Ian, en cambio… era otra co