—¿Qué diablos estás diciendo?
El Italiano no comprendía. ¿Cómo que no lo llamara hermano? ¿Qué mierda significaba eso?
Se acercó a la silla de Micael, apoyó ambas manos en los reposabrazos y lanzó la pregunta que este había estado evadiendo desde el principio. Micael giró el rostro, intentando evitarla, pero fue inútil: Alessandro le sujetó la mandíbula con fuerza y lo obligó a mirarlo.
—¿De dónde sacaste que no somos hermanos? —las palabras salieron apretadas entre dientes, la furia contenida