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Ya había tenido tiempo de pensar cómo dormiríamos esa noche, considerando que había un solo dormitorio con una sola cama, y que no podía obligar a Risa a que la compartiera conmigo. Así que mientras ella alimentaba a los cuervos, agregué leña en los dos hogares y corrí mesa y sillas en el comedor.

—¿Qué haces, mi señor? —inquirió muy seria al verme tender mi manto sobre la alfombra fr

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patvikaPor Dios que fuerte!! Pobre Risa, que dolor ir recordando poco a poco al amor de su vida …
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