Mundo ficciónIniciar sesiónLa expresión esperanzada de Harald me conmovió, y deseé de corazón que ya pudiéramos estar en el Valle, para que comprobara que le decía la verdad. Entonces advertí que el niño disimulaba un bostezo y vacié mi cuenco de un trago.
—Ve a dormir, pequeño —le dije.
—¿Y tú?
—Ya me voy a dormir también.
—Buenas noches… Mael.
—Buenas







