Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl niño se cuidó de no distraerme de mis lúgubres cavilaciones hasta que notó que había bebido todo el té. Entonces tocó mi cuenco con gesto tímido, señalando el caldero donde aún quedaba agua caliente.
—Dime, Harald, ¿en verdad crees que ella es tu madre? —pregunté, aunque procuré emplear un tono tan suave y cálido como podía.
El niño desvió la vist







