Mundo ficciónIniciar sesiónMi corazón dio un vuelco cuando entramos en los aposentos de la reina esa mañana, después de dejar a los niños en la guardería. Las damas, junto con un grupito de muchachos, quitaban los muebles de la sala principal.
Lenora los dejó trabajando para venir a recibirnos y conducirnos a la alcoba de la reina, que permanecía en cama. Nos saludó con una gran sonrisa, aunque su debilidad era de pronto más evidente que nunca antes.







