La tierra temblaba bajo el peso de las garras, los aullidos se alzaban como lamentos de guerra.
El aire estaba saturado del olor a sangre y a la furia desatada. Mía, transformada en su majestuosa forma de loba blanca, luchaba con fiereza junto a los miembros de la manada Tormenta.
Sus patas se movían con agilidad, su pelaje blanco como la luna destacaba entre la oscuridad del bosque y el humo de las casas incendiadas. Los gritos de los cachorros escondidos tras los arbustos desgarraban el alma