Mientras tanto, en la ciudad Logan bajó del auto negro de vidrios polarizados. Vestía un traje elegante que contrastaba con su esencia de alfa dominante, pero sabía que debía mantener las apariencias cuando se trataba de reuniones importantes.
Sus pasos firmes resonaron en la entrada del restaurante de lujo, uno de los más exclusivos del territorio neutral. Al ingresar, un camarero lo condujo a una sala privada donde ya lo esperaba el accionista con el que había acordado reunirse.
—Alfa Logan