Los gritos de Zoe resonaron en la oscuridad, pero esta vez no había nadie que respondiera a su llamado.
Logan empujó lentamente la puerta de su habitación, el corazón latiéndole con un ritmo desbocado, cargado de angustia y cansancio.
No esperaba ver nada más que el silencio, pero ahí estaba ella… Mía. Sentada sobre la cama, la mirada fija en el suelo, los dedos entrelazados como si se aferrara a la única cosa que la mantenía en pie.
El aire se le quedó atrapado en los pulmones. Dio un paso, y