Isabella retrocedió hasta sentir la espalda contra un árbol, su corazón latiendo desbocado, sabiendo que el infierno apenas comenzaba.
El aire estaba cargado con un hedor metálico a sangre y a tierra removida, mezclado con el crujir de ramas quebrándose bajo el peso de los cuerpos que se movían con rapidez sobrehumana. Los lobos aparecían desde todas direcciones, sus ojos amarillentos brillando con hambre y odio. Isabella alzó la voz, su grito desgarró el bosque.
—¡Logan!
A kilómetros de distan