Luca empujó con fuerza las puertas de la biblioteca, el eco de sus pasos reverberando contra las paredes de madera antigua. Su mirada se fijó inmediatamente en Logan, que lo esperaba sentado detrás del gran escritorio, con el ceño fruncido y los nudillos aún manchados de sangre. La tensión en el aire era casi asfixiante.
—Vine tan pronto como lo pediste —dijo Luca, con la respiración pesada, observando el rostro serio del alfa.
Logan levantó la vista. Sus ojos, cargados de ira y cansancio, bril