Mientras tanto, en el apartamento en la ciudad mantenía la mirada fija en Mateo, desafiante, como si con la fuerza de sus ojos pudiera romper las cadenas invisibles que él pretendía imponerle.
—No te voy a creer nada —dijo con un tono helado, pero firme, casi cortante—. Todo lo que dijiste de mis padres es mentira. Ellos son personas correctas, honorables, que aman a la manada, que dan todo por el prójimo, que han entregado su vida a protegernos. ¿Cómo te atreves siquiera a ensuciarlos con tus