Logan cruzó los límites de la manada Tormenta. Sus patas, aún cubiertas de polvo y sangre seca, tocaban el suelo con firmeza. Se transformó en su forma humana justo al cruzar la barrera mágica que protegía el territorio. Sus ojos seguían dorados, chispeando con rabia contenida. Sostenía a Mia en sus brazos, su cuerpo aún débil tras la huida.
La tensión se sentía como un nudo apretado en el aire.
—¡Alfa! —gritó una de las guerreras al verlo llegar—. ¿Está herida?
—No... solo agotada —respondió