La luna bañaba el bosque con su resplandor pálido cuando los dos enormes lobos cruzaron entre árboles, jadeando, con la sangre todavía fresca en sus patas.
Sus cuerpos, cubiertos de arañazos y heridas abiertas, daban testimonio de una feroz batalla. Al llegar a una vieja cabaña escondida en lo más profundo del bosque prohibido, sus figuras cambiaron. Los gruñidos se transformaron en palabras humanas mientras se inclinaban ante el hombre que los esperaba de pie junto al fuego.
Jack, el renegado