Al abrir los ojos, por un instante, Meissa sintió que el mundo a su alrededor no tenía forma ni sentido. Su mente estaba envuelta en una neblina espesa, como si acabara de despertar de un sueño demasiado profundo o de una pesadilla que aún se resistía a soltarla. Parpadeó varias veces, intentando enfocar la vista, y lo primero que percibió fue un techo alto, adornado con detalles que no le resultaban familiares.
Frunció el ceño, confundida.
Giró ligeramente la cabeza, observando el lugar con cre