Meissa abrió los ojos con dificultad, como si el peso entero del mundo se hubiera asentado sobre sus párpados.Le costó distinguir la luz, y durante unos segundos solo percibió sombras difusas, un vaivén lento que la hizo pensar que aún seguía cayendo. El aire le resultó espeso, ajeno, casi irrespirable, y su pecho se alzó con esfuerzo, como si incluso respirar fuera una tarea que debía recordar.No supo dónde estaba. No al principio.El corazón le latía lento, pesado, con una cadencia irregular que le provocó un leve pánico.Cuando intentó incorporarse, una punzada recorrió su cabeza y descendió por su cuello, obligándola a gemir apenas.Se quedó quieta, esperando a que el mareo pasara, mientras los sentidos comenzaban a regresar poco a poco.Entonces lo percibió.El olor.La madera antigua de las paredes.Reconoció su habitación.La certeza la golpeó con fuerza, y con ella regresó la memoria fragmentada: el bosque, la oscuridad, el ruido, el miedo.—¿Qué… qué me pasó? —murmuró, con
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