—¡Acepto!
La voz de Ainoha resonó con más firmeza de la que ella misma sentía. Por dentro, su corazón latía con fuerza, dividido entre el miedo y una esperanza que apenas comenzaba a nacer.
Él la miró.
El príncipe Zaric sonrió, y en su expresión no había burla ni cálculo… solo una calma que desconcertaba.
—Princesa Ainoha, no tengas miedo —dijo con voz suave, pero segura—. Yo te voy a cuidar. Juntos seremos los futuros herederos… Luna y Alfa de nuestra era.
Ainoha lo observó sorprendida.
Nadie l