Marvin lo miró con una rabia que parecía arderle en la sangre, como si cada palabra que acababa de escuchar hubiera encendido algo salvaje dentro de él.
—¡Eso es imposible! —reclamó, su voz cargada de furia, resonando en todo el salón como un trueno.
Pero el príncipe Zaric no retrocedió.
Al contrario, sonrió.
No fue una sonrisa amable ni conciliadora, sino una llena de burla, de seguridad… de alguien que sabía perfectamente el poder que tenía en ese momento.
—Nada es imposible para el amor —res