Luna Meissa luchaba sin descanso por salvar al Alfa Lysander.
Día y noche había intentado estabilizarlo, invocando a los mejores sanadores del reino, combinando hierbas antiguas con rituales lunares, y rezando a los espíritus protectores de la manada.
Sin embargo, nada funcionaba. El Veneno Azul no era una herida común. Era una corrupción profunda que devoraba la energía vital del Alfa, atrapándolo en un estado de suspensión entre la vida y la muerte.
Finalmente, la sacerdotisa del templo de la