—¡Lysander!
El grito de Meissa desgarró el aire, cargado de angustia y desesperación. Su loba interior también rugió, una respuesta instintiva, feroz… pero desordenada, como si algo dentro de ella estuviera fallando.
Lysander se apartó bruscamente, como si su presencia lo quemara. Sus ojos, normalmente firmes y llenos de autoridad, ahora estaban oscurecidos, cubiertos por una sombra que no le pertenecía.
—¿Qué haces aquí? —espetó, con una voz fría, ajena.
Meissa no respondió con palabras. No pu