—¡El Alfa Lysander ha despertado! —exclamó el beta Itan con la voz cargada de emoción.
La noticia atravesó el palacio como una ráfaga de viento.
Los guardias se enderezaron de inmediato. Los sirvientes comenzaron a murmurar entre ellos. Algunos mostraban alivio… otros, preocupación.
Y apenas la reina Luna Meissa escuchó aquellas palabras, corrió por los largos pasillos del palacio sin importarle su posición ni la mirada de los demás.
Necesitaba verlo.
Necesitaba saber que seguía vivo.
Después de