Luna Meissa se aferraba con todas sus fuerzas a la vida de Syla. Cada respiración, cada palpitar del corazón de su compañera, era un recordatorio de que la lucha no había terminado. La sangre fría que recorría el ala médica se mezclaba con el olor a hierbas curativas y al hierro del aroma de la sangre, creando un ambiente que ponía a prueba su concentración.
Sus manos, ágiles y firmes, mantenían el pulso de Syla bajo control, administrando cada poción, cada toque de energía de su loba.
Finalmen