La Madre Luna, Lirian, cuya gratitud se había evaporado como el humo, dejó que su forma humana se viera consumida por la furia de su bestia interna.
Sus ojos, antes nublados por las lágrimas, brillaron con un rojo carmesí sobrenatural, la marca de una luna alfa traicionada.
—¡Maldita perra! —rugió Lirian, su voz distorsionada por el gruñido de su loba—. ¡Tuviste la osadía de envenenar la sangre de mi sangre para luego fingir un milagro! ¡Has profanado este hogar con tu magia negra! ¡Guardias, m