En el corazón de la manada Luna Oscura, el aire se sentía espeso, cargado con el olor del miedo y el metal de la sangre.
Lady Stelle, con el rostro pálido y los ojos inyectados en sangre, no se había separado del pequeño Marvin ni un solo segundo.
Lo abrazaba con una fuerza casi desesperada, como si su propio calor pudiera evitar que la vida se le escapara de nuevo al cachorro.
La Madre Luna, Lirian, permanecía a su lado, escoltada por sus doncellas más fieles, con la mirada perdida en las llam