—¡Cómo puedes ser tan ingenuo, Lysander! —exclamó ella, alzando la voz con autoridad—. ¿Qué clase de hechizo te ha lanzado esa loba? No te das cuenta de su infamia, de la oscuridad que trae consigo. Esa mujer es una mancha para nuestro linaje.
Lysander, que se mantenía firme como una torre de obsidiana frente a la entrada, dejó escapar un gruñido que hizo vibrar los cristales de los ventanales.
Su paciencia, siempre escasa, se había agotado en el momento en que sintió el pulso débil de Meissa c