Meissa salió de los aposentos del Alfa con el corazón latiendo al ritmo de una melodía nueva.
Caminaba por los pasillos
Por primera vez, el aire no sabía a miedo, sino a esperanza.
Al doblar la esquina que conducía al jardín de invierno, una sombra se interpuso en su camino.
Lady Stelle la esperaba, con el rostro desencajado y los ojos enrojecidos por no dormir.
—¡Tú! —el grito de Stelle—. ¿Qué clase de embrujo barato le has hecho al Alfa?
Meissa respiró hondo, tratando de mantener la compostur