Los astiles de la tierra y el agua coincidían visiblemente y únicamente mi esposo se mantenía callado, pensativo.
—Creo que Dátlael solo nos está probando— declaró, finalmente el rey—. Quiere hacernos dudar y preocupar a su enemigo.
—No lo conseguirá, porque mi tío no se deja intimidar y sabe perfectamente que jamás lo atacaría ni permitiría a otros hacerlo.
Al hablar, miré directamente al pelirrojo, cuya rabia se le coloreaba el rostro intensamente y lo obligó a ponerse de pie, con intención d