Sialen tuvo que quedarse para que sus heridas no empeoraran y el nerviosismo del pelirrojo me arrancó una sonrisa, que desapareció al ver como los soldados llevaban a Wuisse hasta su caballo.
El adorado sobrino del astil del agua tendría que responder ante el señor de los bárbaros, por haber asesinado a su hija mayor y peor aún, enfrentaría el juicio de su tío, puesto que no permitiría que lo ejecutaran sin antes exponer sus culpas frente a ese anciano al que consideraba mi amigo.
Los soldados