—Su majestad enfermará si continua frente al ejercito— me dijo el astil, cabalgando a mi lado por temor a que me callera de la silla—. Sería prudente que regresara a la corte y cuidara del príncipe.
—Si hubiese regresado antes a la corte, probablemente ahora usted estuviera muerto, al igual que el resto de mi ejército y hasta el príncipe hubiese tenido que perder la seguridad de su hogar, con tal de alejarse del peligro— le señalé—. Por eso me propongo quedarme junto a mi esposo y velar por su