Los dos días siguientes fueron de preparación intensa. Dante apenas dormía, alternando entre entrenar obsesivamente y caminar inquieto. Luna, Aria y Zara se turnaban manteniéndolo cuerdo, recordándole comer y descansar.
—Vas a colapsar antes de que comencemos— Aria le advirtió una mañana, bloqueando su golpe.
—Y no le servirás a nadie.
—No puedo detenerme— Dante gruñó, atacando nuevamente con más fuerza. —Si paro, si pienso demasiado, me volveré loco.
Aria lo derribó en un movimiento velo