Dante, Aria, Erik y su pequeño equipo élite se movían como sombras a través del territorio de Luna Plateada.
—Este es el roble donde mi padre me enseñó a trepar— murmuró, tocando la corteza rugosa. —Tenía cinco años.
—Concéntrate— Aria susurró, aunque su mano apretó brevemente su hombro en apoyo. —Los recuerdos pueden esperar. Tu madre no puede.
Tenía razón. Dante respiró profundamente, empujando la nostalgia hacia abajo. Ahora controladas por el asesino de su padre, estas tierras eran terr