El bosque aún olía a sangre. Los cuerpos de los lobos caídos habían sido retirados, pero la tierra conservaba la memoria de la batalla. Ayleen caminaba entre los árboles, sintiendo cada vida perdida como una herida propia. La traición de Lazhar había costado demasiado.
En el centro del claro, atado con cadenas de plata que quemaban su piel, Lazhar permanecía de rodillas. Su rostro, antes orgulloso, ahora mostraba el vacío de quien ha sido descubierto. A su alrededor, los supervivientes de la ma