El cielo se tiñó de carmesí mientras la luna ascendía, enorme y amenazante, como un ojo sangriento que observaba la batalla que estaba a punto de desatarse. Helena —ahora Ayleen para todos los que conocían su verdadera naturaleza— sentía cada fibra de su ser vibrar con una energía ancestral que jamás había experimentado. A su lado, Darius respiraba con la misma intensidad, sus ojos brillando con un fulgor sobrenatural que reflejaba la luna roja.
—Es la hora —susurró él, extendiendo su mano haci