El cielo se teñía de un carmesí intenso mientras el sol se ocultaba tras las montañas. Helena observaba desde la torre más alta del castillo cómo las nubes parecían sangrar sobre el horizonte. No era una coincidencia; la naturaleza misma presagiaba lo que estaba por venir. La Luna Roja, un fenómeno que ocurría cada cien años, se alzaría esta noche, y con ella, el momento decisivo que definiría el destino de todos.
—Es hermoso, ¿verdad? Incluso cuando anuncia destrucción —murmuró una voz a sus e