El cielo se teñía de un carmesí intenso mientras el sol se ocultaba tras las montañas. Helena observaba desde la torre más alta del castillo cómo las nubes parecían sangrar sobre el horizonte. No era una coincidencia; la naturaleza misma presagiaba lo que estaba por venir. La Luna Roja, un fenómeno que ocurría cada cien años, se alzaría esta noche, y con ella, el momento decisivo que definiría el destino de todos.
—Es hermoso, ¿verdad? Incluso cuando anuncia destrucción —murmuró una voz a sus espaldas.
Helena no necesitó girarse para saber que era él. Damián, el vampiro que había visto morir en sus pesadillas cientos de veces, el hombre que ahora ocupaba cada rincón de su mente y su corazón.
—¿Cómo puede ser hermoso algo que trae tanto dolor? —respondió ella, sin apartar la mirada del horizonte.
Damián se acercó hasta situarse junto a ella, sus hombros casi rozándose. El aire entre ambos parecía cargado de electricidad, una tensión que ninguno se atrevía a romper completamente.
—La be