El amanecer trajo consigo el olor metálico de la sangre. Helena despertó sobresaltada, con un grito ahogado en la garganta y la sensación de que algo terrible había ocurrido. No necesitó confirmación cuando escuchó el alboroto fuera de su habitación: voces alteradas, pasos apresurados, órdenes gritadas con urgencia.
Se vistió apresuradamente y salió al pasillo. El castillo de los Lobos Plateados, normalmente un lugar de orden y protocolo, se había convertido en un caos organizado. Guerreros ens