El aire en el territorio de los Colmillos Plateados se había vuelto denso, cargado de sospechas y miradas furtivas. Helena podía sentirlo mientras caminaba por los pasillos de la mansión principal. Las noticias sobre el avance de los Lobos Negros habían llegado esa mañana, y con ellas, la certeza de que alguien dentro del clan estaba filtrando información.
Darius había convocado una reunión de emergencia con su círculo más cercano. Helena se dirigía hacia allá cuando escuchó voces alteradas provenientes de una de las habitaciones laterales. Se detuvo, reconociendo inmediatamente la voz de Erika.
—No puedo seguir esperando —decía ella con un tono que Helena nunca le había escuchado antes—. Los Lobos Negros están impacientes.
Helena contuvo la respiración y se acercó más a la puerta entreabierta. A través de la rendija, pudo ver a Erika hablando por teléfono, su rostro transformado por una expresión calculadora que le heló la sangre.
—La humana sigue aquí, tal como les informé —continuó