El amanecer apenas se insinuaba en el horizonte cuando los guardias anunciaron la llegada. Helena, que había pasado la noche en vela contemplando el cielo nocturno desde su ventana, sintió un escalofrío recorrer su espalda. No necesitaba que le dijeran quién era; lo supo por la forma en que el aire pareció densificarse, cargándose de una electricidad antigua.
Morgana, la Hechicera del clan, había regresado.
Los pasillos del castillo se llenaron de susurros mientras Helena se apresuraba a vestir